Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

A veces...

A veces se produce el milagro
de que la atracción sentimental supere en intensidad a la física.

Y te enamoras de cómo es contigo,
de cómo se comporta cuando está sin ti,
de cómo te trata, de cómo te siente,
de cómo presume de tenerte.

Te vuelves adicto a cómo habla,
a cómo te piensa, a cómo se las arregla
para que no dejes de pensar en perderte
entre cualquier rincón de un cuerpo que tú ya llamas hogar.

Y justo ahí, ya no hay vuelta atrás. Solo deseas seguir perdido en su alma y rezas al cielo porque nadie vuelva a encontrarte.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario