Dame solo un segundo para guardar los secretos de mi alma en tu piel. Un instante que sería eterno para el descanso de mis deseos, allí en tu piel donde guardas las marcas de tus caídas, los recuerdos del sacudón, la inocencia de tu desnudez, el desperdicio de verte vestir, allí donde tus tatuajes retratan tus valores y dolores. Allí donde mi poesía pretendía hacer de choza, de fuego, de tiempo, de armadura.
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