En la profundidad del silencio, la indiferencia se alza como un muro inexpugnable, aniquilando el amor más grande.
Susurros de desdén se entrelazan con la brisa, cubriendo de sombras los corazones que buscan refugio en el abrazo ausente.
Las palabras se desvanecen en el vacío, mientras el eco de la indiferencia resuena en cada rincón del alma, dejando cicatrices invisibles.
En la penumbra de la resignación, el amor yace inerte, como un jardín marchito por la helada del olvido.
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