Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

INDIFERENCIA II

Caminante, en el sendero de la vida, la indiferencia se alza como un ciprés sombrío, aniquilando el amor más grande. El alma, herida por el desdén, busca en vano la luz de la ternura, mientras el viento agita los recuerdos marchitos. En el ocaso del afecto, el corazón se debate entre el olvido y la añoranza, como un río que fluye en la melancolía de lo que pudo ser. Mas en la quietud del crepúsculo, pervive la esperanza, como un brote frágil que aguarda la caricia del amor renacido.

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