En el jardín del alma, la indiferencia se cierne como una sombra fría, aniquilando el amor más grande. Las flores marchitas de la pasión y el cariño yacen en el suelo, entre susurros de olvido y desencanto. El corazón, cual ave herida, busca en vano el eco de un amor que ya no responde. En la melancolía de los recuerdos, se despliega la danza silenciosa de lo que una vez fue y ahora se desvanece. Sin embargo, en la penumbra del adiós, se alza la promesa de un amor renacido, como una estrella que brilla en la noche oscura del desencanto.
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