En la penumbra de mi soledad,
apareces tú, musa de la poesía,
con tus ojos de estrellas y tu voz suave,
inspirándome versos de amor y melancolía.
Eres la fuente de mi creatividad,
la chispa que enciende mi pluma,
con cada suspiro y cada mirada,
despiertas en mí la pasión que nunca se esfuma.
En cada rincón de mi alma te encuentro,
como un susurro que me llena de inspiración,
tus palabras son el aliento de mis versos,
y en cada poema plasmo mi devoción.
Musa mía, eterna compañera de mis letras,
gracias por ser mi fuente de luz y verdad,
en cada verso te nombro y te celebro,
porque eres la esencia de mi eterna inmortalidad.
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