Jamás hubo un accidente tan bonito como cuando se cruzaron tu mirada y la mía.

DIFERENTES FORMAS DE QUEDARSE

Hay un inventario de besos y yo, que soy mezcla de poeta y músico de deseos, he aprendido a distinguirlos sin prisa, sin ruido.

Está el beso que apenas roza. El que duda. No llega a ser beso todavía, es una pregunta hecha con los labios. Pasa cerca, pide permiso, y deja el aire temblando. Es el beso de los principios, cuando aún no sabemos si soñamos o si estamos viviendo.

Está el beso en la frente. Ese no pide nada. Ese cuida. Es la bondad que aún conserva inocencia. Te lo doy cuando duermes, cuando te preocupas por todo, cuando no necesitas que te deseen sino que te digan: aquí estoy, permanece. Es el beso que no hace ruido pero se queda a vivir en la casa.

Está el beso robado en la cocina. El cotidiano, el nuestro. Entre el café soluble y la silla coja, entre el refri y tu risa. No es de película, es mejor: es de verdad. Sabe a prisa y a regreso. Sabe a "qué bueno que estás aquí".

Está el beso que muerde. El que ya no pregunta. Donde el deseo y el cariño se encuentran y la realidad se vuelve incierta. Ese que me hace querer matarte de amor, no por hacerte daño, sino porque no me cabes de otra forma en el cuerpo.

Está el beso largo. El que detiene el instante y le pide que se quede un poco más. No tiene prisa por llegar a ningún lado porque ya llegó. En ese beso nuestra paz es disfrutar uno del otro y nada más.

Y está el beso de despedida, que es el mismo que el de bienvenida pero al revés. El que se da en la comisura, en la mejilla, en el borde, como quien deja una llave por si acaso. Dice "vuelvo" sin decirlo.

Al final todos los besos que te he dado son el mismo beso con diferentes formas de quedarse.

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