Un beso sólo es un beso.
dos besos sólo son dos.
A partir del tercero
empieza la confusión,
y si se cierran los ojos
-¿quién eres tú? ¿quién soy yo?-,
se deslíen las distancias,
se multiplica el amor,
y se rompen los cristales,
y es el sexo un negro sol,
y el cuerpo -tu cuerpo, el mío-,
tras la transverberación,
algo perdido que ahí queda,
y de hecho no soy yo,
ni tú, ni Dios.
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