Amada Caperucita.
Tomé una manzana de tu canasto. Me cansé de esperarte. Tenías que creerme y no dejarme abandonado en la casa de tu abuelita. La cama se enfrió y me fui al bosque. Ya no pueden matarme con una bala de plata en el corazón. Tu te encargaste de quitármelo. No sé donde lo dejaste aunque si lo encuentro, no creo que lo ocupe.
siempre tuyo,
El Lobo Feroz.
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