Querida Caperucita.
No puedo decirte que alejarme fue un error. No sabía nada de ti y tu abuelita me dijo que me habías olvidado. Mis noches eran tuyas, aunque no podía quitarle a mi piel, las ganas de borrarte. Blancanieves supo cuidarme, pero yo quería morir a tu lado. ¿Quisieras tomar un café? Prometo mantener mis garras en mis bolsillos.
A la espera de tu respuesta,
El Lobo Feroz.
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