Tienes rincones
como el lóbulo de las orejas,
creadas para la caricia
de mis yemas índice.
Zonas secretas,
como los puntos de presión
de las sienes,
reservadas para mis besos.
Áreas íntimas,
como tus axilas afeitadas,
que tan solo lamo yo.
Sensaciones únicamente mías,
como poseerte sabiendo
que nadie más te tiene,
que me hacen
amarte y temerte
por igual.
Una vida adentrándome en
geografías inexploradas
de tu cuerpo y ser,
sin sospechar
que tu centro de placer
está en la palabra.
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