“Adoro la luz sólo si no ofrece esperanza”. Pier Paolo Pasolini
No hay descanso en el oficio
de existir, de ser hombre.
No hay paz en las cartas
de los soldados,
en el nervio de los relámpagos.
En la belleza destructiva.
Y luego, ese cielo tan allá,
tan infestado de plegarias.
Nada cabe en las manos vacías
de quien guardó tanto tan poco,
acaso astillas de hierro
y alhajas de soledad.
Rotas e inolvidables, las palabras
se parecen a los pájaros
desordenados del alba
posados en esos renglones
de los cables eléctricos,
como poemas aleatorios
buscando la pasión según Pasolini.
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